Noviembre de 1902. A Albert Piñol le agradaba los mensajes con tono dramático, llenos de sentimiento y afectación: “… Por largo tiempo has morado en oscuridad. Te llamamos a la belleza y a la vida. No seas cómplice de un mundo que muere. Abandona la noche y busca el día…” En los últimos años se había convertido en un ocultista de gran talento. Tenía muchos matices del anarquismo mágico de Crowley. Agnés le decía siempre a su querido primo Oriol que Albert estaba hechizado al igual que el resto de congregantes, la mayoría músicos, actores y pintores, con las nuevas tendencias que estaban llegando a Barcelona. La Nueva Orden Hermética de los Portadores de Luz era de doctrina luciferina. Proclamaban la Verdad alejada de las mentiras interesadas y las posturas dogmáticas, intolerantes.
Cada individuo, cada persona, necesitaba decidir de forma cósmica y global de que lado estaba. Llegaban los tiempos en que el Portador de Luz saldría de la incomprensión e ignorancia popular. La denigración, las malas interpretaciones y la incomprensión daría lugar a un nuevo espacio. El Lucero traería un fresco periodo. Un ciclo con nuevas formas y apariencias.
Por fin la humanidad alcanzaría el verdadero conocimiento: Que aquel Querubín había actuado por amor a las personas, enseñándoles el mayor secreto de su propia evolución. Dejarían de relacionarlo con el Mal y descubrirían la libertad para pensar, para vivir.
¿Y aquella burla, aquella ironía?:
¡Cómo caíste del cielo,
lucero del amanecer!
Fuiste derribado al suelo,
tú que vencías a las naciones. Pensabas para tus adentros:
‘Voy a subir hasta el cielo;
voy a poner mi trono
sobre las estrellas de Dios;
voy a sentarme allá lejos en el norte,
en el monte donde los dioses se reunen. Subiré más allá de las nubes más altas;
seré como el Altísimo’.
Pero en realidad has bajado al reino de la muerte,
a lo más hondo del abismo!
¡Por fin se reconocería la necesidad del aquel enfrentamiento con el Creador! Venían tiempos en que, de una manera definitiva, a la humanidad no se le negaría su principal facultad: la sabiduría, la libertad para discernir. Por amor, y aún teniendo la razón, había sido exiliado; ¡él que en esencia era la misma Humanidad!, sus sueños, sus sentidos y su mente. Hubiera podido llevar a los pueblos y etnias a la cuarta dimensión. De ahí tanta saña, inquina y ferocidad.
***********
Fue doloroso y amargo.
Tanto para Anxo como para mi resultaba repulsivo. Tener la oportunidad de leer los últimos pensamientos de Pol durante su cautiverio era aterrador y al mismo tiempo era imprescindible para mi conocer sus últimos recuerdos.
Cuando entraba en su habitación y contemplaba sus cosas favoritas, su guitarra Ibánez Art 120-WH, era una experiencia dura y agotadora. Pero recibir aquel escrito de su propia mano, con sus impresiones, recuerdos, temores y despedida, era cruel. Atrocidad que yo también imputaba al Monstruo.
Descubrir que en aquellas pocas horas de vida se sentía rodeado de negrura y confusión no me aliviaba. Más bien hacía que creciese en mi el deseo de revancha y yo sabía a quien quería incriminar.
“... tengo miedo. Creo que tengo fiebre, me encuentro mal. No se dónde estoy, pero sólo pienso en salir de aquí... pero ¿y si me vuelven a capturar? El hombre que me obligó a subir al coche es fuerte y bruto, no quiero que vuelva. No se que hacer, no entiendo lo que está pasando. Papá ¿vendrás a buscarme?...”
Desconozco porqué Pol, durante su cautiverio, tenía material para escribir. Tal vez sus captores se lo proporcionaron; la otra posibilidad es que hubiera podido esconderlo en algún momento del rapto, sin el conocimiento de sus raptores. Eso ya no importaba.
No me consolaba pensar que el hecho de poder escribir en la soledad le hubiese aliviado; aunque deseaba que hubiera sido así. De lo que estaba seguro y compartía con los pensamientos de Pol en su último escrito, es que los niños son el futuro del mundo. Pero qué futuro ¿corrupción, angustia y malicia? Los niños deben de significar el fruto de la alegría, la ternura, la inocencia y la solidaridad. Deberían significar el desarrollo de un mundo en el que todos crean en su interior de que estamos juntos, con un mismo destino, y que no podemos perder el tiempo con cochambre.
En estos momentos Pol era parte del desecho. Ya no tendría la oportunidad de ser, junto con su generación, de los que vivían sin basura. Un terrible desperdicio para todos. Nunca más realizaría tarea ni cometido. Le había arrancado esa posibilidad.
Toda pérdida de libertad tiene miasma. La hediondez delata cualquier intento de camuflar el hedor. No hay justificación posible. Yo había sentido la tufarada pentilente desde el principio y no había errado, para desdicha de todos los que amábamos. Era un rastro que a modo de señal yo seguiría hasta dar con el padre de la aberración. No se podía enmascarar con un “pórtate bien que no te pasará nada”.
En su último escrito Pol me enseñó que la lobreguez y la opacidad no son insípidas. Tienen gusto a lágrimas; a sollozo. El paladar se queda trastornado para siempre.
***********
Para Albert Piñol la única regla es que no había reglas. Cualquier rito, ceremonia, conocimiento o sistema era válido si ayudaba a la consecución de la voluntad de La Luz. ¿Para qué tantas restricciones? ¿de qué sería tanta complejidad? Estar apegado a técnicas innecesarias sólo servía para perder tiempo y energía innecesarios. Los sistemas ortodoxos, llenos de una ética innecesaria eran un retraso absurdo; era indispensable evitarlos y servirse de aquello que permitía que a La Nueva Orden Hermética de los Portadores de Luz servir a la voluntad del Lucero.
Deliberadamente Piñol estaba en un proceso de alejamiento y frialdad de lo que había ido aprendiendo hasta el momento actual. La cultura y el conocimiento adquiridos no eran garantía de que fuesen útiles al Querubín.
“...La realidad en la que hemos sido educados ha sido consensuada para limitarnos en lo social, en lo cultural y en todo potencial creativo. Nuestra libertad personal ha sido mermada por nuestros padres, maestros y amigos. Todos ellos nos han quitado la verdadera capacidad de elección de nuestro destino. Necesitamos recuperar nuestros propios deseos...”
Albert estaba totalmente convencido de que ahora estaba en una buena dirección. Junto con su fiel amigo Juan Aizpurua estaba dispuesto a llevar a la Humanidad a una dimensión real y verdadera.
“... los parámetros sociales y los paradigmas culturales son basura a desechar. Nada es verdad y todo está permitido. Nuestras creencias y prácticas actuales no son un fin ¡son un medio! Es el estado actual me nuestras mentes, pero nada más. Lo que es más grande que nosotros mismos son los resultados. Tomad cualquier creencia que os sea útil en un momento determinado, utilizarla y luego abandonarla, una vez exprimida toda su validez. Las creencias no deben de ser adoptadas como algo firme. Deben de ayudar a nuestro desarrollo personal y no limitarlo. Nuestro desarrollo personal es la Voluntad...”
Los miembros de la Orden Hermética de los Portadores de Luz eran parte de algo más grande que una simple hermandad secreta. Albert y Juan estaban definiendo por medio de los sentidos, especialmente por medio de la vista y el oído que todos los componentes de la Orden percibiesen un sistema moral, una especie de forma de vida. Habían jurado cumplir con el propósito de la congregación de devotos.
Albert Piñol y Juan Aizpurua comenzaban a ser invitados como ponentes a distintos centros culturales, tertulias de debates y gremios. Pertenecer a la Orden era difícil de explicar, pero querían mostrar públicamente que no se trataba de una religión. No se le decía a nadie lo que tenía que creer; no obstante los miembros tenía que creer en la grandeza, materialidad y sustantibilidad del Lucero como Ser Supremo y Hacedor de la Humanidad en toda su esencia y sustancia.
Tampoco se decía en las reuniones privadas la opinión de debían de tener sobre cualquier otro tema. Lo que debiera de estar claro en todo momento era si era útil a los propósitos del Magnífico Querubin.
Las conferencia públicas a las que asistían como invitados el mensaje era benefactor y difícil de discutir. En la sala Áurea del Hotel Corona de Barcelona, recientemente inaugurado con elegancia modernista, la conferencia dada por Albert Piñol, fue inapelable, firme y de obligatorio cumplimiento para todo ciudadano de bien. También aquel edificio, con la calidad de sus interiores en mármol, muebles importados de distintas partes del mundo, daban a la conferencia una atmósfera benefactora, de altos niveles de moralidad y de consideración del prójimo como igual.
La oratoria fue brillante:
..."Buscar la paz es la propuesta. Vivimos en un mundo donde, de una manera ingenua, creemos que las ciencia y la tecnología no tiene límites. Hay una creencia generalizada que nos lleva, erróneamente, a la conclusión de que es sólo cuestión de tiempo que la ciencia abarque todo el conocimiento y traiga a la luz todos los secretos y toda la sabiduría.
Pero hay algo que es más grande que todas las cosas que una persona puede comprender, la paz: "...Así Dios os dará su paz que es más grande que todo cuanto el hombre puede comprender; y esa paz guardará vuestro corazón y vuestros pensamientos...
En nuestro mundo tecnológico, científico y lógico hay cosas más grandes que la ciencia. La paz es más grande que la ciencia, más grande que las matemáticas, más grande que la filosofía y más grande que la psicología. Todavía en nuestro mundo la tristeza sigue siendo tristeza, la alegría sigue siendo alegría y la paz es lo más grande que podemos alcanzar. Hay que reconocer que hay algo valioso en esta vida: conocer el camino de la paz. Debiéramos de amoldarnos y convertirnos en algo que pueda ser llevado y transportado por el Maestro. ¿Quieres hacer algo trascendente con tu vida? Busca la paz y síguela; se un activista de la paz...”
Un buen ejemplo de la imagen pública de la Orden. Pero existía sin duda alguna un aspecto más oculto de la hermandad. Cabía preguntarse qué era la Orden Hermética de los Portadores de Luz, qué sucedía en su interior y cuál era la voluntad del Lucero.
Juan Aizpurua no se quedaba en la retaguardia a la hora de la imagen pública de la Orden y su incuestionable anuncio:
"…El alfarero tiene el poder de hacer lo que quiera con el barro, y de un mismo barro puede hacer una vasija para uso especial y otra para uso común…
La clave de nuestra existencia no radica en que simplemente tenemos vida, sino en el hecho de que hemos sido creados para algo, con un propósito.
Hay en nuestro interior un deseo ardiente de hacer algo trascendente. Es un sueño que no debemos de abandonar nunca. Muchos rostros trasmiten lo que ya ha sucedido en el silencio del interior de la persona que tenemos frente a nosotros: ha dejado de seguir su destino. Son miradas tristes, algunas duras; otras de angustia e incluso agresivas. No importan cuál sea la manifestación exterior. Cuando dejamos de perseguir nuestro destino vivimos a la defensiva. Toda dureza, agresividad, malas formas, burla, crítica destructiva etc., no son más que un acto de defensa, tal vez cruel, pero de auto-protección.
Hemos sido hechos para algo. Cuando vemos una vasija antigua, en un museo, en una excavación arqueológica o en una casa antigua en el campo; percibimos rápidamente que además del arte y la creatividad del alfarero, allí hay un objeto que fue creado con un propósito. Una vasija tiene un destino: fue hecha para algo. Esto lo percibimos sin palabras, sin manuales de instrucciones complicados. Ese objeto que estamos observando fue creado para contener algo. Un alfarero tomó la arcilla y comenzó a darle forma y aunque no podamos conocerle nunca ya sabemos que en algún momento de su vida tenía una idea, una imagen en su mente que sus manos se encargaron de darle forma.
Puede que la vasija fuese muy hermosa, original y exclusiva. Pero esto no era lo importante. Lo que realmente importaba era el propósito con el que estaba siendo creada.
Sabemos, por lo tanto que esa vasija de barro fue creada con mucho arte y cariño, porque existía una necesidad real. Había en el mercado una demanda para vasijas como esa que estamos viendo, y fue vendida o regalada porque tenía un valor. Era útil para algo.
Ahora la pregunta es: ¿Para qué he sido creado yo? Podeos tener una vida muy activa; una experiencia profesional abundante y satisfactoria. Podemos viajar a muchos países y que nuestras experiencias sean de lo más enriquecedoras, pero la pregunta clave puede no haber sido respondida. No parece razonable que seamos fruto de la casualidad, sino más bien de causalidad. Hay un propósito, hay un destino. Hemos sido creados para algo..”
Era agosto de 1903. Hacía calor en Barcelona. En la calle de les Carretes hubo un escándalo que agitó brevemente a la Orden, no estando ésta libre de la polémica; posiblemente la mayor en la que estaría involucarad durante mucho tiempo.
Un aprendiz del gremio de fabricantes textiles apareció asesinado al mismo tiempo que su padre, llamado Antonio Vazquez, desapareción sin dejar rastro. Las primeras sospechas señalaban a que era una acción politica de violencia individualista. Rápidamente la Orden comenzo a ser señalada en el presentimiento y recelo popular. La aprensión de que la hermandad estaba involucrada se veía reforzada por el hecho de que Antonio Vazquez había manifestado su decepción con la Orden, estando dispuesto a desvelar publicamente los secretos de la organización.
Añadir también que la indignación de Albert Piñol había alcanzado a la rumología callejera, fundando así más aún las suspicacias populares. Muchos hermanos consideraban la actitud de Antonio como agresiva e injustificada. Siendo ésta actitud mas suave, propiciada secretamente por Juan Aizpurua, creció una segunda versión de que le habían acompañado a la frontera francesa, dándole una cantidad de dinero no determinada, y le habían ordenado que no volviese a Barcelona, ni tan siquiera para recoger a su familia.
Los rumores se propagaron por todo el país, hubo protestas generalizadas y tres miembros de la Orden fueron acusados formalmente de haber amenazado a Antonio Vazquez y a su familia. Finalmente no hubo pruebas para ser inculpados por la desaparición y nadie fue acusado del asesinado hijo de Antonio.
Continuó la actividad de la Orden, con sus actividades de expansión constante. Los hechos sombríos fueron superados con obras sociales benéficas y conferencias benefactoras.
Internamente continuaron con su reservado mundo de ritos, propósitos, signos y planes de dar a conocer la verdadera historia del Lucero. Lo que sucedía y se guardaba a puerta cerrada era motivo de curiosidad para los que no tenían membresía.